7.5.09

pantalón verde, chaqueta gris (capítulo 1)

un tipo gordinflón entró en el tren. sus ojos redondos y oscuros detrás de unas gafas redondas y oscuras... en una cabeza redonda de tez oscura. nadie lo miró, nadie parecía haberse percatado. a nadie le interesaba. a nadie excepto a mí, que por las mañanas, somnoliento, me da por mirar las caras somnolientas de los adormecidos pasajeros que recorren la ciudad para ocupar su puesto de trabajo en el lado opuesto del mundo.

nadie excepto yo parecía haberse dado cuenta de que su chaqueta grisácea de hombros desgarbados y anchos no combinaba en absoluto con unos pantalones extrañamente verdes, cortos y raídos. los calcetines negros, impecables y los zapatos... parecían una reliquia del siglo xix, impolutos, como si acabara de estrenarlos. el curioso arte de la moda parecía ser desconocido para él.

y allí estaba él. sentado en aquel vagón de tren. desparramado, como si ya estuviera cansado por el simple de hecho de haberse levantado de la cama aquella mañana. la mirada perdida en la nada, un libro en las manos que nunca miró y su zapato derecho moviéndose arriba y abajo, al ritmo de cualquier musiquilla que danzaba en su mente. un fox trot quizá, un jazz descuidado, alguna canción de radiofórmula... quién sabe. 

el caso es que aquel tipo no dejaba de intrigarme. y tampoco sé muy bien qué era aquello que sentía... sería que me aburría en el trabajo. o que ya apenas encontraba historias que contar... sería que hacía tiempo que no había estímulos que me sacaran del aburrido mundo de las sumas y restas. sería... o no. dos paradas antes de la mía, aquel hombre demasiado grande como para conceder el asiento vecino a un otro cualquiera salió del tren y yo, que no pude evitarlo, corrí detrás de él.

cosas de la vida. nunca había pisado aquella parte de la ciudad. un lugar solitario, huérfano de nombre y visitantes. nadie habitaba sus calles, nadie paseaba por los bulevares abandonados y sucios. no era un lugar peligroso, tampoco era frecuentado por vagabundos ni putas... era un lugar olvidado, desagradecido, destinado a nada, a nadie. no se veían restaurantes, tampoco tiendas. la vida se acababa allí. o eso parecía.

7 comentarios:

Álvaro Dorian Gray dijo...

Hay tantos lugares así y tan cerca que asusta.
saludos y salud

Jorgelina Mandarina dijo...

Ve tu a saber que tipo de personas habitaban ese lugar. Es lindo descubrir nuevas baldosas en la ciudad que creemos conocer.

Te mando un fuerte abrazo, amigo!

Luis Cano Ruiz dijo...

Perfecta descripción de un lugar olvidado.

Espero más capítulos.

Un saludo.

Lucina dijo...

Una exquisita descripción de un instante casi cotidiano..
Un beso

maria jose dijo...

Cuidado con la tardanza,a ver si te pillan...

Parece que la historia será interesante.Estoy impaciente por seguir leyendo.
Oye,a lo mejor llegaste tarde porque estabas siguiendo a este tipo por ese lugar sin nada.

Un beso para los dos.

Castigadora dijo...

Te lanzaste a la persecución? Pero donde vas? Supongo que me iré enterando, jaja. A ver que tal la segunda parte!

Besos

Eclipse dijo...

una vez, aunque ahora no pueda yo creerlo... perseguí a alguien cuyo destino o paradero quería yo saber.
una anécdota adolescente e idiota, pero que se me vino a la mente, saltó disparada de improviso, ya ni me acordaba.
esperamos la siguiente parte!

 
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