10.6.09

noche de concierto

anoche ella me llevó a un concierto.

pocas veces en la vida tienes esa sensación de ingravidez, esa fuerza en el estómago que te ayuda a levitar... a volar sobre todos los demás y a ver las cosas desde otro punto de vista.

en pocos momentos te atreves a estar quieto y mirar alrededor sabiendo que nada importa tanto como para no disfrutar de este aquí y este ahora. porque al fin y al cabo es lo que tenemos, y no creo que podamos pedir más.

no existen tantas noches como la de ayer... noches de carretera y prisas, de gente, de música, de jazz, de vetusta morla, de ella... de sueños, de sueño... ojalá todo siguiera igual, por el mismo camino. tranquilo. ojalá el mundo fuera justo, al menos esta vez.

esta fue la canción de despedida... disfrutad de ella.


pintar otra vez esta habitación
no me convence para nada este color.
votar si el botón
es una buena opción.
votar si hoy hacemos el amor.

cuadrar el círculo de esta obsesión oh no...
asumir que rendirse no es una opción no no...
saber que no os puedo aniquilar.
no es suficiente para firmar...

la paz, bolivia, quito es ecuador,
lima estí en perú,
buenos aires, argentina, no llores por mi más.

cayó el puente que nos vio nacer heheheee

el estribillo hoy no se quedará a comer eh...
saber que no os puedo colonizar.
no es suficiente para firmar...

la paz, bolivia, quito es ecuador,
lima está en perú,
buenos aires, argentina, no llores por mi más...

la paz, bolivia, quito, quito es ecuador, lima está en perú.
buenos aires, argentina, no llores por mí más...

argentina, no llores por mí más.

3.6.09

pantalón verde, chaqueta gris (capítulo 3)

craso error. el tipo era negro, ¿lo he dicho? bueno he mencionado su oscura tez. suficiente, al fin. aunque tampoco tiene tanta importancia, era sólo un apunte. el caso es que el tipo no dejaba de balancearse, adelante y atrás, adelante y atrás... cual péndulo basculante. parecía algo nervioso, ¿llegaría tarde y ya no era bien recibido en aquel lugar? quizá pensara volver a casa... y ¿qué me dices de ese puñetero libro al que no prestó atención ninguna en todo el tiempo?

a vueltas con estas intrigantes cuestiones... aquel tipo seguía con lo suyo. con una diferencia. ahora tocaba el marco de la puerta, bordeándolo con sus torpes dedos... rozándolo como si buscara algo, como si hubiera un botón que abriera la puerta o, para qué engañarnos, algo más común... una simple llave. da igual, aquella puerta no se abrió. de repente abandonó su pose de pies estáticos y tronco móvil y la cambió por una totalmente inversa. empezó a caminar alrededor del edificio. mirando a través de las ventanas. aunque extrañamente, apenas movía cualquier otra parte del cuerpo por encima de la cintura.

aquella se estaba convirtiendo en una estampa demasiado tétrica para las tempranas horas en las que nos encontrábamos. demasiado, sí. entonces... ocurrió lo que ambos llevábamos esperando un buen rato. alguien detrás de la puerta hizo un ruido, sonaron varios pestillos descorriéndose, una llave desencajando candados y un gran chirrido que dejó aún más muda la muda plaza en la que nos encontrábamos.

una persona blancuzca, casi transparente y tan delgada como cualquier grieta en aquella vetusta pared apareció en el hueco de la puerta y profirió un sonido parecido a una voz susurrante... no oí muy bien aquello que dijo, pero a tenor de lo que ocurrió después, le invitó a pasar y muy probablemente, también se disculpó por haberse hecho esperar. esto último es mera suposición... pero no habría estado de más.

aproveché aquel instante de pequeño ajetreo para acercarme sigiloso, pero tan rápido como pude. tanto, tanto, que apenas llegué a ningún sitio y la puerta ya se había cerrado. así que no me quedó más que observar, atónito, a través de ventanas sucias como lodazales, lo que allí mismo estaba ocurriendo...

al principio no lo entendí demasiado. luego empecé a hacer cálculos centesimales e inventé posibles soluciones a aquel extraño evento.... al final lo supe. al final pude comprender de qué se trataba... en aquel mugriento sótano una panda de raros especímenes humanos se habían dado cita y no parecía que fuera la primera vez. grandes hombretones sin gusto modístico, finas azafatas de conferencia translúcidas como una hoja de papel de fumar, pequeñuelos ancianos con gafas de culo de vaso, mujeres ataviadas con delantales estrambóticos, jóvenes inflados a palomitas de maiz de ojos torcidos, colegialas sonrientes vestidas de uniforme y pelo rojizo que mascaban chicle sin cesar y en el centro de aquel tumulto, un alguien distinto vestido de esmoquin, dirigiendo el cotarro, creí yo.

lo más incierto de todo, o quizá lo único cierto... era que todos miraban la misma portada de libros distintos. todos los habían leído... aquello era un club de lectores. un raro club de lectura... y todos hablaban y hablaban, a veces todos a la vez, a veces de uno en uno... a veces con ellos mismos. estupefacto, extrañado porque en aquel lugar recóndito existía vida, vida inteligente... y asombrosamente yo, que tenía trabajo pendiente en la oficina, no supe más que tocar la vieja puerta de entrada, para pedir por favor, un lugar en tan magnífico sitio.

12.5.09

pantalón verde, chaqueta gris (capítulo 2)

las persianas caídas de cada alto caserón no decían nada más que allí nadie quería saber nada de la vida. o de la no vida... porque en aquel laberinto de calles, tranvías y carreteras, apenas se movían las hojas caídas de aquel otoño gris. un olor polvoriento volaba camino de narices extranjeras, camino de mentes extrañas a aquel mundo perdido.

y yo seguía detrás de aquel tipo raro de barriga oronda y trasero invisible. seguía siguiéndole sin entender muy bien por qué no había mirado ya hacia atrás. por qué no me había descubierto aún detrás de sus pasos... lo cierto es que andaba ya algo mareado después de tantas vueltas, de tantos recovecos, de tantas plazuelas inciertas y caminos desiertos... 

de repente, aquel buen hombre, porque a aquellas alturas del paseo ya me había hecho su amigo en mi mente de sabueso primerizo, se paró ante la pequeña puerta de un edificio inmenso. una luz mortecina se asomaba alrededor del marco de aquel pequeño bosque de maderos desvencijados. el tipo tocó un par de veces con sus nudillos de terciopelo color carne y la puerta ni se inmutó. nadie habló detrás de aquellas paredes. nadie se movió detrás de aquellas ventanas empañadas... 

el tipo insistió. y yo me preguntaba qué carajo hacía un hombre como él llamando a una puerta como aquella en aquel barrio olvidado... otros dos golpecitos me sacaron de mi pregunta sin respuesta. se rascó la cabeza, pensando quizá en si se había equivocado de día o de puerta... se quitó las gafas que tendría sucias, miró al trasluz, volvió a ponérselas, aquellas motas de polvo adheridas no eran suficientes para ser limpiadas. 

y allí seguía... de pie. como si su único trabajo aquel día fuera esperar. primero al tren. luego a la parada. y ahora en aquel lugar, delante de un mastodonte de piedra y pequeña boca de pino añejo. igual que yo. que empezaba a tener hambre... que empezaba a pensar que nada tenía allí interés.

7.5.09

pantalón verde, chaqueta gris (capítulo 1)

un tipo gordinflón entró en el tren. sus ojos redondos y oscuros detrás de unas gafas redondas y oscuras... en una cabeza redonda de tez oscura. nadie lo miró, nadie parecía haberse percatado. a nadie le interesaba. a nadie excepto a mí, que por las mañanas, somnoliento, me da por mirar las caras somnolientas de los adormecidos pasajeros que recorren la ciudad para ocupar su puesto de trabajo en el lado opuesto del mundo.

nadie excepto yo parecía haberse dado cuenta de que su chaqueta grisácea de hombros desgarbados y anchos no combinaba en absoluto con unos pantalones extrañamente verdes, cortos y raídos. los calcetines negros, impecables y los zapatos... parecían una reliquia del siglo xix, impolutos, como si acabara de estrenarlos. el curioso arte de la moda parecía ser desconocido para él.

y allí estaba él. sentado en aquel vagón de tren. desparramado, como si ya estuviera cansado por el simple de hecho de haberse levantado de la cama aquella mañana. la mirada perdida en la nada, un libro en las manos que nunca miró y su zapato derecho moviéndose arriba y abajo, al ritmo de cualquier musiquilla que danzaba en su mente. un fox trot quizá, un jazz descuidado, alguna canción de radiofórmula... quién sabe. 

el caso es que aquel tipo no dejaba de intrigarme. y tampoco sé muy bien qué era aquello que sentía... sería que me aburría en el trabajo. o que ya apenas encontraba historias que contar... sería que hacía tiempo que no había estímulos que me sacaran del aburrido mundo de las sumas y restas. sería... o no. dos paradas antes de la mía, aquel hombre demasiado grande como para conceder el asiento vecino a un otro cualquiera salió del tren y yo, que no pude evitarlo, corrí detrás de él.

cosas de la vida. nunca había pisado aquella parte de la ciudad. un lugar solitario, huérfano de nombre y visitantes. nadie habitaba sus calles, nadie paseaba por los bulevares abandonados y sucios. no era un lugar peligroso, tampoco era frecuentado por vagabundos ni putas... era un lugar olvidado, desagradecido, destinado a nada, a nadie. no se veían restaurantes, tampoco tiendas. la vida se acababa allí. o eso parecía.

4.5.09

al respirar

otras historias. parece que últimamente los nuevos proyectos se hacen dueños de este cuaderno azul. pero no quiero que dejéis de mirar este vídeo en el que he tenido la oportunidad de echar una mano. no es porque yo lo diga, y tampoco porque sea suyo... pero se atisban formas de creativa directora aquí.

me encanta.


 
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