el negocio era el sujeto preferido en sus oraciones cuando se encontraba en horas de trabajo. pero también cuando esas mismas horas eran de esparcimiento. "el negocio está creciendo", había dicho durante años mientras la situación le dejó hablar de ello. "el negoció está perdiendo fuelle", empezó a decir algún tiempo después, cuando algún que otro amigo ya había salido por la puerta de atrás después de años de servicios y los salarios ya habían caído algunos cientos de dólares, euros, pesos o cualquiera que fuera aquella moneda. "el negocio se está hundiendo" acaba de decir con lágrimas en las manos, en los ojos, en la comisura de los labios...
alguien en la calle viste una camiseta en la que puedes leer "i sold my soul for a dollar twenty-five". él la mira y sonríe. hacía tiempo, él habría hecho lo mismo, habría vendido cualquier cosa por cualquier suma de dinero mayor a la que llevara en el bolsillo en aquel mismo instante. habría vendido su alma, su pitillera, sus zapatos o la camisa de armani más cara de su armario. habría vendido cualquier cosa por un precio adecuado o como el siempre dijo "por el precio de mercado +1 o -1, lo importante es vender". a quién le importa cuál era la actividad de su empresa. a quién le importa en qué lugar del mundo esto estuviera pasando...
el negocio era la razón más importante de su vida. el negocio había adormecido el resto de sus experiencias. su mujer, a la que casi nunca había hecho demasiado caso, lo había dejado a mitad de la década anterior; sus hijos apenas hacían llamadas a su teléfono fijo, tampoco a su móvil, no le escribían cartas, ni mensajes en el facebook... apenas quedaba algunas noches con sus viejos amigos para tomar unas copas antes de ir a dormir, ya no hablaba con nadie más que su secretaria y los pocos clientes que le quedaban. su vida se estaba volviendo más gris que de costumbre. ahora que casi no tenía trabajo, se daba cuenta de que tampoco tenía vida.
el negocio daba las últimas bocanadas de un aire putrefacto mientras él intentaba no darse cuenta. pronto no habría más dinero que para pagar a los acreedores y firmar el finiquito de los trabajadores. pronto no habría más que cerrar la puerta desde fuera, por última vez. "el negocio", "el negocio", "el negocio"... aquellas dos palabras no se iban de su mente ni un sólo instante. no lo habían hecho en años. y ahora todo se iba al traste... todo se rompía...
todo... y entonces, fue él quien desapareció. fue él quien salió del edificio, cogió el primer taxi que pasaba por allí y dijo "al aeropuerto, por favor". huyó... corrió... no sé cuál fue su siguiente destino, no sé qué fue de él después de todo, no sé si volvió a casarse, si montó un nuevo imperio... sólo sé que volvió a esconderse, como siempre había hecho, volvió a escapar de sus problemas, como cuando no llegaba a casa hasta que todos dormían.