11.3.08

olvidos

olvidos. cortocircuitos de la mente. desconexiones temporales que hacen que todo se quede en blanco, que nunca más vuelvas a pensar en ello, que jamás recuerdes haber recordado. despistes. agujeros por los que todo lo importante retrocede, se aleja, desaparece.

siempre me ha sorprendido ese mecanismo extraño por el que olvidamos las cosas. si ocurren y tu las vives, si las sabes, las entiendes, las has leído, las has visto o las has olido, si las has tocado, si alguna vez has estado en contacto con ellas... ¿por qué se te olvidan? alguien dirá que no las olvidamos del todo, que siguen ahí, de un modo u otro. cualquiera podría decir también, que olvidamos para ahorrar, porque si lo recordáramos absolutamente todo, probablemente tendríamos la cabeza más grande.

no lo sé. pero ayer me ocurrió algo que no es que no me hubiera pasado nunca pero que me hizo pensar en esto de los olvidos, y sobre todo en que tendría que llevar una red atada al cuello para ir recogiendo lo que se escapa de mi mente. vayamos al grano. la cosa es que como buen estudiante, los bolígrafos son para mí un material de fácil y rápido consumo. pues bien, me dirigí a la papelería del campus a comprar uno de esos típicos bic azules. pregunté al tendero cuánto costaba y vi que no llevaba suelto. le di un euro, recogí el cambio y me fui a la biblioteca donde tenía por delante dos horas de ávida lectura de periódicos (era el día después del gran día electoral).

al cabo de un rato, en una de esas extrañas conexiones mentales que sin venir a cuento te desvelan misterios, me di cuenta de que no tenía el bolígrafo. así que al fin de mi jornada lectora, después de enterarme de que había perdido mi apuesta electoral, volví a la papelería y el bolígrafo seguía allí, intacto, donde el tendero lo había dejado para mí. salí sonriendo, sonrojado, deslizando excusas por aquel despiste tan tonto... y pensé sobre lo que realmente había pasado un rato antes: había entrado en una papelería, había dado un euro a un hombre, había recibido sesenta centimos a cambio y me había ido con las manos vacías. un auténtico cortocircuito.

aún me pregunto que hago escribiendo... en fin.

9.3.08

el momento de hacerlo

aquella tarde alguien pensó que había llegado el momento de hacerlo. y los demás le siguieron con la mirada mientras salía de la habitación y también después, por la ventana, mientras andaba hacia su coche, mientras montaba en él y desaparecía en el horizonte.

aquella tarde alguien pensó que había llegado el momento de hacerlo. y los demás aplaudieron su decisión y pensaron que ya era hora, que valiente cobardía la que había aterido sus labios, sus brazos y su sentimiento, que menuda forma de ayudar en un momento como aquel, que menos mal que alguien había dado el paso por ellos.

aquella tarde alguien pensó que había llegado el momento de hacerlo. y yo entendí que nunca había estado más lejos de donde tendría que estar, que jamás había comprendido del todo lo que la gente decía, que toda la esperanza estaba en él, que la historia no podía terminar así y por eso había llegado el momento.

aquella tarde alguien pensó que había llegado el momento de hacerlo. y lo hizo. acabó de golpe con todo, acabó de una vez con lo que nos hacía débiles, con lo que nos atenazaba el corazón. acabó con la mala suerte, con la hipocresía, con la desesperanza. acabó con el horror y la estupidez, con la maldita crispación, con la basura que inundaba nuestros pulmones. acabó con la falsedad, con la mala educación, con la injusticia. y desde entonces no hubo más muertes, no más lágrimas que no fueran de felicidad. terminaron los discursos de derrotas y empezó una nueva historia, una nueva forma de mirar al exterior, un nuevo mundo, distinto, diferente, de otra forma, con otros colores mucho más vivos, mucho más intensos, más alegres.

aquella tarde alguien pensó que había llegado el momento de hacerlo. subió el telón y la obra dio comienzo. hoy tenemos una nueva oportunidad. un día más. muchos años por delante. asomémonos al balcón de la historia que no ha empezado aún. subamos a este buque que parte, que se va y no vuelve. hoy tenemos una nueva oportunidad.

6.3.08

mañanas de domingo

despertó aquella mañana, aún somnoliento. el cansancio en los hombros, la cabeza muy turbia, como si no fuera él, como si no estuviera allí, como si medio millón de soldados anduvieran en formación y a paso ligero dentro de él. los brazos, las piernas, cargados, se movían descompasados dentro de las sábanas, tampoco era él quien ordenaba lo que tenían que hacer, era otro. sus ojos aún pegados, se resistían a abrirse y mirar más allá de sus propios párpados. la boca pastosa, inservible, como sin pilas y un cierto sabor amargo que ya sabía que tardaría en desaparecer. intentó elevar la cabeza por encima del cuerpo hundido en aquel colchón pero no pudo y cayó de nuevo en las redes del sueño.

un par de horas más tarde volvió a despertar. cuando consiguió abrir los ojos la terrible avalancha de luz de un domingo cualquiera donde el cielo amanece azul a las cuatro de la tarde hirió sus retinas. se llevó las manos a la cara en un movimiento lento, torpe. giró la cabeza y entre sus dedos vió que la cama estaba vacía al otro lado. ella se había ido. otra vez. y una sensación de derrota que no era desconocida inundó su cuerpo como el alcohol lo había inundado la noche anterior. ella se había ido otra vez. y no podía entenderlo, creía que no iba a volver a pasar, pero ella siempre se iba. y lo peor: siempre regresaba.

intentó recopilar cada momento, cada paso que le había conducido hasta aquella situación aquella mañana de abril, que le había llevado otra vez a su vieja cama abandonada, a ese pequeño universo de su habitación que horas antes había estado tan lleno y que ahora estaba tan vacío. pero no podía, ni siquiera recordaba donde la había encontrado, lo único que sabía era que se habrían emborrachado juntos en cualquier bar, que se habrían besado en cualquier esquina, que ella le habría dicho te quiero en cualquier taxi y que habían hecho el amor entre las mismas sábanas que otras veces, en un guión cansado ya, de ser representado.

entonces se dio cuenta de que el sabor de su boca no era el sabor amargo del alcohol derretido, ese sabor áspero y desgraciado que le dejaban las resacas de noches inacabables. se dio cuenta de que era el sabor de la pérdida, de la desesperación, de la vida que llevaba. era el sabor de una tarde que se había repetido demasiadas veces, las tardes que seguían a cada noche con ella.

como pudo llegó a la ventana, descorrió las cortinas que ella había elegido hacía años y subió una persiana que nunca había pesado tanto. abrió la ventana y gritó a la ciudad que se desparramaba, irregular, bajo sus pies en un ático de hortaleza. gritó que jamás volvería a sucumbir a aquella tentación que le obligaba siempre a repetir, a caer en el mismo error. gritó que jamás volvería a soñar con ella, con su tibia piel, con su pelo, ni tampoco con sus labios. gritó que todo había acabado, que ya estaba bien. gritó que jamás volvería a dormir abrazado a ella. y, sin embargo, un te quiero insípido se escapó en un susurro de sus labios cuando apenas tenía aire en los pulmones.

ya había gritado demasiadas veces, demasiadas tardes. demasiadas.

4.3.08

escrito en una piedra

palabras que no encuentras en un mar de sensaciones que te invade y que ni siquiera llegas a adivinar hasta un tiempo después, hasta que de verdad te das cuenta dónde has estado, qué has estado haciendo y, lo más importante, con quién.

hoy ha sido un día especial. he asistido a la presentación del libro "escrito en una piedra" de pablo guerrero. sin embargo, pese al respeto que le tengo a un hombre de tamaña trayectoria, me he acercado al acto para poder ver más de cerca a dos hombres de una misma familia. uno es autor de la banda sonora de mi vida, de mi historia, de canciones que han llenado mis horas desde hace años y que me han enseñado a mantener la esperanza en un mundo distinto, que aún es posible. el otro se ha convertido desde hace un tiempo en una especie de guía, algo así como el tutor de mi ideario, alguien que apoya mi manera de ver el mundo y que en la calle tabernillas ha creado un lugar de encuentro para aquellos que, como él, pensamos en una memoria que no puede ni debe perderse, que queremos leer algunos poemas preciosos, que queremos sentir, saber.

un par de fotografías, unas cuantas palabras... que han sabido a poco (estúpida timidez) y, sin embargo, la sensación de que no será la última vez que nos encontremos. las ganas de pertenecer a ese clan, a ese mundo distinto, a esa historia que no se pierde. y saberme menos perdido, más arropado. gracias a los dos y gracias a pablo por acercarme a vosotros.

3.3.08

de cine

a veces veo mi vida como en el cine. como si estuviera sentado en una de esas butacas azules, con un cubo de palomitas y una cocacola gigante. y siempre a solas. nadie parece querer ver lo que hago, lo que vivo y sin embargo a mí me parece que no puede haber una película mejor. millones de extras he contratado, caras que se escapan y se van corriendo, algunos actores secundarios que hacen muy bien su papel. y dos que no dejan de aparecer. hoy hay más luz.

también yo soy el director, el operador de cámara, el iluminador, el que maneja el atrezzo, el maquillador, el de vestuario... mi vida es un gran largometraje. aunque aún no haya habido alfombra roja y el montaje no esté acabado. aunque a veces haya tomas que no son exactamente falsas pero que sí quiero repetir o, bueno, esperar a que el guión vuelva a un punto similar y rodar de otra manera, desde otros ángulos, en otro formato o quién sabe, con otros actores. y, sin embargo, nunca cambiaría a la protagonista principal, eso jamás.

olvídate de mí. casablanca. amélie. la ventana indiscreta. pulp fiction. la casa azul. ismael serrano. iván ferreiro (piratas). quique gonzález. scorsese. woody allen. kubrick. tarantino. amenábar. bardem. scarlet. ruiz zafón. josé saramago. almudena grandes. flanagan. lluís bassat. lorca. machado. salen ahora, antes, después... son influencias de un director novel, como yo. aún me faltan muchas, voy poco a poco.

y fíjate, increíble esta toma. una cámara baja desde el cielo, como si descendiera por la torre eiffel, pero rápido, muy rápido. corre a través de parís y atraviesa el arco del triunfo, corre y corre, hasta montmartre, después gira y pasa cerca del moulin rouge, va más rápido y se ve notre dame, pasa entre las dos torres y ahora no es parís, es olvera y madrid, ya no se sabe muy bien. la camara vuela, como en una alfombra mágica. se mete en un edificio, sube las escaleras y espera en la puerta, que se abre. por fin en casa. la cámara se gira y era yo el que volaba. cierro los ojos, se apaga la luz y me veo durmiendo. soñando.

es mi película favorita.
 
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