30.1.08

caminando

la historia continua. mientras algunos viajan a otros mundos, mientras ellos se suben al tren de los sueños, tú y yo estamos aquí, en el mundo real. ese mundo cruel que asesina y muerde, un mundo de grises, de sepias, de recuerdos hechos de viejas cenizas, de pensamientos deshilachados que se rompen y se pierden...

hoy el mundo real me despierta camino de la facultad. y pienso en las vidas que se cruzan conmigo. un día observaba a todos, hoy he pensado en ella. va delante de mí, caminando, despacio y cabizbaja, como si no fuera a ninguna parte, como si pensara que la vida es eterna y que las líneas del suelo dirijen su camino. es una chica joven, veinte años, no más. y sin embargo, hay algo en su forma de andar que me desconcierta. el peso de años amargos y prisioneros cae sobre sus hombros. aún no ha mirado atrás, sólo pone un pie delante del otro y sigue su camino, recta, sin prisa pero sin pausa, andando, simplemente.

me pregunto en qué estará pensando, qué será eso que tiene en su cabeza y que no le deja ser como realmente es, qué es lo que no le permite correr o saltar en este día precioso, cuando el invierno da un respiro y el sol luce arriba. no encuentro respuesta. triste de mí que pienso conocer a las personas por la forma de caminar o por la expresión de sus ojos, por como lleva recogido el pelo o por su forma de vestir. triste de mí que hablo de apariencias cuando lo importante es lo que éstas esconden. aún así no puedo abstraerme, mi mente jamás deja de relacionar, no soy yo, es mi mente que sabe que algo le ocurre a esa chica.

se para. vuelve la cabeza y me mira, me sonríe. como si supiera que estoy pensando en ella. luego sigue caminando, despacio, como antes. yo detrás... ya he llegado y ella aún no deja de andar. me pregunto dónde irá, qué será de su vida después de hoy, qué fue antes. tengo un problema. siempre me pregunto demasiado, siempre intento saber algo más acerca de la gente y la mayoría de las veces... nunca lo consigo. puede que sea mejor así.

27.1.08

calor

una conversación en la barra de un bar cualquiera, un verano cualquiera cuando ya no echan fútbol. uno de esos días en los que alguien baja a la calle con una hortera camisa de flores y unas bermudas fluorescentes, en busca del único rincón con aire acondicionado de todo el barrio porque hasta las aceras chorrean sudor, de tanto bochorno.

- eso son palabrerías, ya está.
- sí, ya está dice, pues no porque a mí me lo ha dicho el yerno del hermano de mi vecino que se lo ha contado el primo de su mujer que estuvo allí y lo vio.
- ¿cómo lo va a ver? niño, ponme un par de cervecitas y a ver si enchufas el aire acondicionado de una vez que estamos aquí asándonos como pollos.
- ahora mismo, perdone, es que estaba limpiando la máquina de los cafés, que se ha atascado antes y tengo un lío... el jefe se ha marchado a ver no sé que historia a no sé donde... y no doy a basto.
- sí, bueno, relájate hombre.
- es que también es mi primer día...
- a ver paco, escúchame. te digo que es verdad, que él lo vio y yo me lo creo.
- ¿cómo va a ser verdad? niño, invita a un aperitivito, unas aceitunitas o algo, ¿no? y a ver cuando pones el aire que nos estamos derritiendo.
- ahora mismo, señor, ya voy, ya...
- paco, hombre, que te estoy hablando, escúchame que todavía no lo sabe casi nadie, te estoy dando una primicia, como en salsa rosa.
- a ver, jacinto, ¿estás seguro?
- pues claro.
- ¿y todavía sigue allí?
- pero si te lo estoy diciendo.
- ¿y dónde está exactamente?
- pues allí, subiendo las escaleras mecánicas del centro comercial. cerca de la tienda de animales. pero vamos si quieres, y ahora lo vemos.
- vale, pero porque ya me estás poniendo nervioso... es que no puede ser cierto, pero lo dices tan convencido. venga, vamos. niño, ya no hace falta que enchufes el aire acondicionado, cóbrate, anda.

las paredes se deshacían bajo el tórrido sol de agosto y los dos hombres se dirigieron al viejo centro comercial del barrio. hacía años había sido uno de los más modernos de la ciudad, ahora muchas de las tiendas estaban cerradas, la depresión de esos años había dejado a todos en números rojos. subieron las escaleras y arriba, cerca de la tienda de animales, allí estaba.

era cierto... habían abierto una nueva tienda de ventiladores a bajo precio. ¡salvados!

25.1.08

el cuaderno

allí era donde escribía. un antiguo cuaderno de pastas azules, un cuaderno viejo con las hojas amarillentas por el paso del tiempo, un libro grueso que parecía no tener fin y en el que a lo largo de los años había escrito cientos de historias. cientos de personajes me guiaban, cada vez que metía la nariz allí dentro por mundos de ilusión y misterio, universos extraños de colores inimaginables, países de nombres inventados tan parecidos a esos países crueles que existen de verdad, mujeres perfectas con vidas que te hacían llorar, paisajes perdidos que sólo encontraría en la cabeza de aquel hombre. sí... en aquel cuaderno tan grande y gordo cabían millones de palabras que evocaban sensaciones jamás soñadas.

ya era mayor, muy mayor. en realidad, nunca supe la edad que tenía pero siempre había estado allí, en aquel rincón de aquella estrecha calle cerca del muro de la iglesia. eran otros tiempos. muchas veces, cuando era pequeño me escapaba de casa y corría hacia allí para que el hombre de la barba larga y el cuaderno antiguo me contara un cuento. para que me saludara como él lo hacía, con aquella sonrisa enigmática y aquella cita extraña, cada día una nueva, cuatro o cinco palabras que siempre me hacían pensar, con las que siempre me acostaba y que me ayudaban a dormir, como si de una nana se tratara.

aquel hombre me tranquilizaba. pasé años yendo a aquella pequeña casa que siempre tenía la puerta abierta. años en los que aquel guardián de historias no dejaba de sorprenderme. jamás repitió un nombre, ni un sólo lugar, nunca volvió a contar un mismo cuento. mi imaginación volaba al son de sus palabras, historias que no tenían fin, que yo acababa entre sueños. la vida se desdoblaba y las horas pasaban tan rápido que casi parecía imposible. nunca olvidaré el día en que ya no estuvo. nadie sabía donde había ido, nadie sabía por qué se había marchado, porque sí, se había marchado, ya era muy viejo, pero todos sabían que no había muerto.

había vuelto a empezar. lo había dejado todo allí, incluso su cuaderno. fui yo quien lo recogió, ya era algo más mayor y sabía el valor que tenían aquellas historias, por eso desde entonces las guardo yo. porque eran importantes para él pero también para mí, porque pasó años escribiéndolas y porque ilustraron gran parte de mi niñez. aquí tengo ese libro perdido, ese cuaderno de pastas azules y hojas amarillentas. mi cuaderno de historias.

23.1.08

publicista, ¿yo?

por fin ha acabado el semestre. exámenes a parte, falta un año y medio para mi "salida al mercado laboral". ¿seguro? según algunos ya tendríamos que estar trabajando... no sé que será de mi vida después de la universidad. aunque bueno, supongo que eso será un síndrome generacional, todos a estas alturas de nuestras vidas habremos pensado en lo mismo.

"vosotros vais a ser publicitarios". esta es una de las frases que más he oído a lo largo de estos años. y yo aún me pregunto en qué consiste eso de ser publicitario. cada día leo algo distinto, cada día un profesor me sorprende con alguna nueva revelación... a veces oigo eso del marketing conversacional, ese nuevo marketing que consiste en escuchar lo que los clientes te dicen, todo lo que hay que hacer es facilitarle formas de hacerte llegar mensajes y seguro que así se encuentran muchas más oportunidades de negocio...

"vosotros vais a ser publicistas". y se supone que con eso ya lo sabemos todo. pues bien, quiero decir aquí y ahora que no sé nada de nada. supongo que parte de esa culpa es mía, pero he de decir que he leído bastantes libros acerca de publicidad, de marketing, de comunicación... pero aún no sé nada acerca del verdadero trabajo. ¿y yo voy a ser publicitario? pues espero que haya lugar para mí. experiencia... bueno, aún no tengo demasiada. ¿algún voluntario para darme una oportunidad?

estos días estoy un poco dubitativo, los años van pasando y ya no puedo pensar en "cuando sea mayor..." ya soy mayor y las excusas se agotan. todo empieza a transformarse y yo aún estoy perdido. una duda generacional, supongo. hoy es mía. y quizá mañana corroerá a otros. la vida cambia, ¿no? a la mía no le queda mucho para convertirse en otra cosa.

la universidad empieza a ser el centro de mi mente. no quiero, pero no puedo evitarlo. mientras, las historias se anclan en un cuaderno perdido. esperan, pacientes, escritas a mano en mi cuaderno azul. volverán pronto, no te preocupes.

21.1.08

en el restaurante



llevo cinco minutos sentado a esta mesa, en este restaurante tan pijo con la esperanza de que vengas pronto. estoy impaciente, hoy es un día importante. te he llamado esta tarde, sabía que no tenías nada que hacer, te he dicho que te pusieras guapa, yo he hecho lo mismo, hacía años que no me ponía un traje. te he dado la dirección y espero que no tardes demasiado. todo está controlado, todo está perfecto, tal y como lo había planeado. tiene que ser maravilloso. hoy será un día importante.

a ver... me palpo el bolsillo de la chaqueta, uf, sí está ahí. por un momento he pensado que me lo había dejado en casa. respiro tranquilo. levanto la mirada y te veo en la puerta. acabas de hablar con el hombre ese tan estirado de la entrada y ya vas a acercarte. madre mía, que sudores más fríos. dios, estás maravillosa. nunca te había visto tan guapa. el mundo ya no hace ruido, ya no está, no hay nadie más que tú, yo y esta música de marvin gaye. vienes hacia mí sonriendo, como si te sorprendiera verme aquí sentado, ¿sentado? voy a levantarme, no te mereces un recibimiento tan soso.

¿qué tal? estás estupenda, casi me da algo cuando te he visto entrar. qué tonto, ¿he tardado mucho? es que el taxi ha cogido un atasco. bueno, ¿por qué tenía que ponerme tan guapa? tranquila, todo se andará. no tengas prisa, disfrutemos de esta velada.

y así es. estoy disfrutando, ella me cuenta su día y yo me quedo embobado mirándola. me doy cuenta de lo tonto que soy, seguro que tengo una de esas caras de alelado que siempre se me quedan cuando ella está rondando pero es que es tan... tan genial. no puedo evitar sonreír cada vez que recuerdo aquellos años en los que estábamos tan cerca pero, sin embargo, tan lejos, aquellos años en la facultad que no nos sirvieron más que para saber que estudiábamos en la misma clase y que sus apuntes eran mucho mejores que los míos. fue más tarde, en aquella estación de metro una noche cualquiera cuando empezamos a hablar y a sentir cosas distintas. de eso ya hace mucho.

qué habría sido de mí sin ti. vaya, ya vamos por los postres. ¿cómo he de decírselo? lo tendría que haber ensayado. estas cosas no se pueden dejar a la improvisación, es algo importante, algo que contarás a tus hijos y a tus nietos, algo que recordarás toda tu vida... será posible, ¿y ahora qué? madre mía. a ver, piensa, reflexiona. perdona, voy al lavabo. ¿qué? ¿al lavabo? ¿vas a pedirle que se case contigo después de ir al lavabo? qué tonto soy. bueno, no todo está perdido. aún queda tiempo.

joder, qué cobarde soy. ya estoy pagando y aún no he podido ni insinuárselo, ¿qué me pasa? llevo toda la noche nervioso, con esa cara de pánfilo que me caracteriza cuando tengo algo de miedo y no he sacado nada en claro. tengo que esforzarme. ¿cariño, nos vamos? ¿ya nos vamos? esto se está poniendo oscuro.

llamamos a un taxi. aquí viene. subimos... no puedo más, tengo que decírselo. ahora o nunca. cielo... tengo que pedirte algo y quiero que este hombre sea testigo. ¿qué? ¿qué vas a hacer? verás... ¿quieres casarte conmigo?
 
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