3.6.08

llama que se apaga

a veces la vida me parece la llama de una vela que se enciende, que fluctúa, que va y viene, que parece apagarse y vuelve a lucir, que a veces crees que ya no puede brillar más fuerte, que dura y nunca se agota... hasta que irremediablemente la cera acaba y tú apenas te das cuenta, o puede que sí lo hagas. y después de todo comprendes que tu luz ha iluminado otras velas, otras vidas y que esos resplandores jamás van a olvidarse, que tu lugar no lo va a ocupar nadie aunque las demás sigan brillando.

¿y sabes ese pequeño punto de luz que se queda en la mecha cuando la llama se apaga? ¿ese pequeño punto que parece una estrella en mitad de la noche? esa incandescencia son los recuerdos en las mentes de los demás. los recuerdos que nunca se van, porque no pueden irse, porque la vida es demasiado corta para olvidar. ismael me ha acompañado estos días, como siempre. y he de darle las gracias. ayer paré en unos versos que me empujaron un poco más y me ayudaron a seguir andando, siempre adelante.

si se callase el ruido
oirías la lluvia caer
limpiando la ciudad de espectros,
te oiría hablar en sueños
y abriría las ventanas.
si se callase el ruido
quizá podríamos hablar
y soplar sobre las heridas,
quizás entenderías
que nos queda la esperanza.

sé que tiene otro significado, pero también sé que cada línea de una canción encierra un sentido en sí misma. y sé que si se callase el ruido aún nos daríamos cuenta de muchas cosas y entenderíamos que nos queda la esperanza.

por eso hoy quiero brindar por nosotros, por ti y por mí, por ella, por la vida que se va y no vuelve, por la incandescencia de unos recuerdos anclados en tu ser, por saber que después de todo nadie se va porque siempre habitarán en ti... porque hoy es siempre todavía.

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letra de la canción si se callase el ruido, de ismael serrano. y brindo por nosotros, tres palabras mágicas de una amiga de este blog. gracias a todos.

26.5.08

servilletas de papel

aquel hombre vestido como si hubiera salido de otra época no dejaba de escribir, lo hacía compulsivamente sobre decenas de servilletas de papel. una detrás de otra, agotándolas en apenas unos minutos y ordenándolas de manera sistemática en una esquina de la barra.

yo le observaba desde mi mesa en un bar oscuro y sucio, perdido en la ciudad dormida. desde allí notaba la rabia con la que empuñaba su vieja estilográfica y lo furioso que se ponía cuando algunas de esas láminas de papel fino se arrugaban bajo su mano. la cara redonda y tosca enrojecida por la ira, los ojos que no dejaban de moverse. de vez en cuando parecía rugir por no poder escribir tan rápido como quisiera. las ideas venían a su cabeza con tanta violencia que casi podía oír sus pensamientos, casi veía el humo salir de sus orejas ardientes.

igual que otros en aquel bar, yo no podía de dejar de mirarle. jamás había presenciado nada igual, jamás había imaginado una venganza tan cruel, un final tan sangriento. un epílogo tan macabro en una noche tan apacible. aquellas palabras mataban y yo ya sabía a quién.

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el final de curso se ha ido acercando sin que apenas me diera cuenta y ahora ya buceo en él como cada año a estas alturas de mayo. seguro que a ti también se te amontonan las tareas, por eso me entiendes y por eso escribo menos en estos días, aunque las dudas no dejen de asaltarme. pero volveré en junio, una vez acabados los exámenes. ven cuando puedas... yo haré lo mismo. un abrazo.

19.5.08

nacimiento

abrió los ojos y la luz intensa de aquella mañana quebró sus retinas. volvió a cerrarlos dolorido y, a tientas, y muy despacio empezó a explorar su cuerpo desnudo, sorprendiéndose con cada centímetro de piel bajo sus dedos, con cada curva, con cada protuberancia, con cada recoveco. entonces despegó los párpados, esta vez con más cuidado y se vio tendido bajo un manto verde de ramas y hojas de árboles desconocidos. la luz del sol se filtraba entre las copas de aquellos gigantes y el sonido de pájaros lejanos acudían a sus oídos vírgenes.

miró sus pies e intentó levantarse. poco a poco, tan despacio como si cualquier movimiento brusco fuera a romperlo, se irguió y miró alrededor sin saber dónde estaba ni dónde ir, sin saber quién era ni lo que hacía allí. asombrado de tanta belleza, del calor que desprendía la tierra bajo sus pies, probó a despegarlos de ella, a andar sobre aquel lienzo puntiagudo de ramas y piedras. primero uno y después el otro, primero uno y después el otro.

al cabo de un rato llegó a la casa del viejo. él ya lo estaba esperando, había plantado su semilla nueve meses antes, cuando el mundo apenas pendía de un fino hilo. cuando todo estaba a punto de derrumbarse y aquella era la última opción. el viejo se acercó a él sonriendo y le besó en la frente.

desde entonces está un poco menos solo y es bastante más feliz.

14.5.08

olvidé

anoche olvidé apagar la luz por si volvías. por si volvías y te acurrucabas conmigo en este sillón azul que tanto te gustaba. frente a la chimenea donde me quedé dormido con tu libro en el regazo esperando a que ángeles perdidos me susurraran al oído dónde estás.

anoche olvidé cerrar la ventana por la que siempre me llamabas desde el parque. esa por la que siempre se colaba tu perfume. la ventana por la que mirábamos las estrellas cuando aún sabíamos de constelaciones e imaginábamos otra vida al son de una música inventada.

anoche olvidé guardar las cartas que enviaste desde lugares lejanos. sellos de países extraños que traían tu brisa y tu sonrisa. olvidé guardar las palabras que te hacían mía aunque sólo fuera un instante, aunque después de tu firma no hubiera nada. y olvidé quemarlas.

anoche soñé que volvías y apagabas la luz y cerrabas la ventana y escondías tus cartas. anoche soñé que estabas cerca, que jamás te marcharías. anoche la luna también dormía y el cielo lo iluminaban tus ojos que brillaban tanto como aquella última tarde naranja en el café.

13.5.08

mañana de lunes

cierro la puerta de casa. pulso el botón y espero impaciente al ascensor. nunca pensé que un aparato así pudiera tardar tanto tiempo en llegar. normal, con la de años que tiene... por fin ha llegado. pulso el botón de la planta baja y ya sólo me queda esperar. 45 segundos de bajada lenta y desesperante. 6, 5, 4, 3, 2, 1, 0. abro la puerta, el rellano está oscuro. ando unos pasos y la luz se enciende como por arte de magia. la tecnología no deja de sorprenderme. bajo un par de escalones más, abro la pesada puerta y salgo a la calle. por fin.

ya son las doce y media. huele a comida, pero no a una, sino a muchas. la ropa tendida también desprende un fresco olor a suavizante y los niños no dejan de gritar. parece que pronto será la hora de salir del colegio. ando un poco, no demasiado y el sol, que ya empieza a lucir con todas sus fuerzas a estas alturas de la primavera, me toca y me llena por dentro. parece que hiciera años que no piso la calle.

sigo andando, tuerzo la esquina de uno de esos jardines vallados tan típicos en la periferia de madrid y las mujeres que compran el pan en el 24 horas se paran a hablar de recetas, la tele o los niños. a veces me paro a escucharlas, a veces me gusta saber algo más de la vida de los otros. pero a veces tengo prisa y no me da tiempo. maldita prisa, siempre corriendo.

sigo andando. ya no hay que torcer más. los viejos, sentados en los bancos a lo largo del paseo, hablan no sé muy bien de qué pero sobre todo se hacen compañía. siempre me ha gustado la forma que tienen de hacer amigos, tan fácil, tan rápida... sólo basta llegar hasta el mismo lugar para ponerse a hablar del tiempo, el alcalde o los tiempos mozos. sus voces suenan distintas, con acento, como si no fueran de aquí, como si, igual que yo, fueran de otro lugar, un poco más al sur, o al norte, o quizá al este o al oeste. emigrantes de otros tiempos que ya no han vuelto a casa. también de otros colores. a veces también me apetece envejecer un poco para saber qué se siente.

el semáforo está en rojo. no viene nadie. dudo. cruzo la calle. la parada del autobús está vacía, seguro que acaba de pasar el mío. la ley de murphy se ceba conmigo cada vez que puede, es decir, siempre. el sol calienta más de lo que debiera, busco la sombra. parece que no soy el único que lo ha hecho. murphy me da un respiro. un hombre y una mujer charlan amigablemente. yo intento leer la sentencia de publicidad ilícita que tengo que comentar. no me apetece. por fin llega el autobús. subo... próxima parada, facultad de ciencias de la comunicación.
 
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